Khonsu: Señor de la Luna y Viajero del Cielo
Khonsu: Señor de la Luna y Viajero del Cielo
[Egipto Antiguo • Creencias]
Khonsu: Señor de la Luna y Viajero del Cielo
Cuando el sol se oculta tras el horizonte y el mundo se sumerge en el azul profundo de la noche, una nueva luz asciende: la de Khonsu, el dios de la luna, el viajero eterno del firmamento. Su nombre significa “el que cruza” — porque cada noche, Khonsu emprende su travesía por los mares del cielo, midiendo el paso del tiempo con su brillo cambiante.
Hijo de Amón y Mut, Khonsu formaba parte de la tríada sagrada de Tebas. Mientras su padre reinaba en los misterios del aire y su madre protegía la vida, él representaba el ritmo del renacimiento, el ciclo perpetuo que une la oscuridad con la luz.
Los antiguos egipcios miraban su rostro plateado y veían en él la promesa del regreso, el pulso del tiempo que jamás se detiene. Cuando la luna crecía, anunciaba la fuerza y la abundancia; cuando menguaba, recordaba la fragilidad de la existencia. Pero incluso en su ausencia, sabían que Khonsu nunca desaparecía del todo: solo viajaba más allá, trazando su camino por reinos invisibles.
En los templos de Karnak, los sacerdotes lo invocaban como sanador divino, capaz de alejar las enfermedades y devolver la vida. En las leyendas, incluso los dioses lo consultaban para marcar los destinos, porque Khonsu era el guardián del tiempo, el contador de los días y las noches.
Así, cada ciclo lunar era una plegaria silenciosa: el cielo lo veía nacer, crecer, morir y renacer — como todo lo que existe bajo la mirada de los dioses.
Khonsu nos enseña que cada final es solo un tránsito, y que en la oscuridad siempre queda una chispa de retorno.
Inglés
Español