Las Naves de la Eternidad: El Viaje del Alma en el Mar de las Estrellas
Las Naves de la Eternidad: El Viaje del Alma en el Mar de las Estrellas
[Egipto Antiguo • El Más Allá]
Las Naves de la Eternidad: El Viaje del Alma en el Mar de las Estrellas
Cuando la última luz desaparece del horizonte y el mundo queda suspendido entre un latido y otro, se abre en el cielo una puerta invisible a los ojos — la puerta del Mar de las Estrellas, donde comienza el viaje del alma hacia la eternidad.
Los antiguos egipcios creían que la muerte no era un final, sino una larga travesía donde el alma cruzaba de un mundo a otro, llevada por naves celestiales que surcaban la oscuridad igual que el sol atraviesa el amanecer.
Por la noche, Ra navegaba en su barca nocturna a través de Duat — el reino profundo lleno de sombras y misterios. Y así como Ra enfrentaba cada noche a la serpiente Apofis, el alma debía enfrentar sus propios miedos, desprendiéndose poco a poco del peso de la tierra hasta transformarse en pura luz.
Se decía que, tras la muerte, el alma se encontraba en la orilla de un río celestial, similar al Nilo pero hecho de resplandor. Entonces aparecía una embarcación de oro puro, cuyas velas brillaban con estrellas eternas, invitando al viajero a subir a bordo.
En la nave, el alma cruzaba islas de fuego e islas de silencio, pasando por puertas custodiadas por dioses, cada uno planteando una pregunta o revelando un secreto que permanecía oculto en vida.
Y a medida que avanzaba la barca, el alma se volvía más ligera, hasta llegar a los Campos de los Juncos — el lugar sagrado que parecía una versión perfecta de la tierra, sin dolor, sin miedo, sin noches sin sol.
Allí, al final del viaje, el alma brillaba como una estrella y se unía al cortejo del cielo, convirtiéndose en parte de la luz eterna.
Porque las naves que la guiaron no estaban hechas de madera ni de oro, sino de la certeza de que la luz es más fuerte que el olvido, y que toda alma nacida del cielo… debe regresar a él algún día.
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