Nefertum: El Perfume de la Creación y la Primera Flor sobre el Nun
Nefertum: El Perfume de la Creación y la Primera Flor sobre el Nun
[Antiguo Egipto • Mitos de Creación]
Nefertum: El Perfume de la Creación y la Primera Flor sobre el Nun
Antes de que el sol naciera por primera vez, el universo dormía en silencio, sumergido en las aguas eternas del Nun —ese océano primigenio sin forma ni límite. No existía la tierra ni el cielo, ni el tiempo ni el aliento. Solo un silencio inmenso, flotando en la oscuridad.
Entonces, el agua se estremeció. En la superficie del Nun emergió una flor de loto azul, radiante y pura, que se abrió lentamente como si despertara de un sueño eterno. De su corazón luminoso nació Nefertum, dios de la belleza, la luz y el perfume sagrado.
Su nacimiento fue el primer aliento del mundo. Cuando la flor respiró, el aroma llenó el vacío, y la luz se extendió. Se dice que Ra apareció después de él, iluminado por la fragancia divina de la flor que había dado vida a Nefertum. Desde ese instante, el perfume se convirtió en la primera palabra entre el cielo y la tierra —el lenguaje invisible de la vida.
Pero Nefertum no era solo un dios de la fragancia; era símbolo de pureza y renacimiento. Para los egipcios, el aroma era espíritu: invisible, pero capaz de llenar el mundo. Por eso, el incienso y los aceites perfumados eran ofrendas sagradas, puentes entre lo humano y lo divino.
Se le representaba como un joven hermoso con una flor de loto sobre la cabeza, a veces surgiendo él mismo de la flor. Lo llamaban “la Flor de Ra”, “el que surge del Loto” y “el Aliento del Amanecer”. En Menfis, era considerado hijo de Ptah y Sekhmet —fusión de sabiduría, fuerza y compasión.
Para los antiguos egipcios, Nefertum enseñaba una verdad sencilla y profunda: la belleza no es adorno, sino principio de la creación. Toda vida nace de una chispa de luz, y toda luz nace del perfume puro que llena el vacío de existencia.
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