El mito de Ptah y la creación del mundo: la palabra que dio forma al universo
El mito de Ptah y la creación del mundo: la palabra que dio forma al universo
[Antiguo Egipto • Cosmogonía]
El mito de Ptah y la creación del mundo: la palabra que dio forma al universo
Antes de que naciera el tiempo, cuando todo estaba sumido en el silencio de las aguas primordiales, no existía cielo ni tierra, ni hombres ni dioses. La existencia estaba rodeada por el océano eterno del Nun, sin límites ni forma. Y desde lo más profundo de ese silencio surgió Ptah, el dios creador de Menfis, quien no utilizó sus manos para dar forma al mundo, sino lo más sagrado que poseía: su pensamiento y su palabra.
Ptah contempló en medio del vacío, y en su corazón surgió la imagen del universo: el cielo, la tierra, los dioses y las criaturas. Todo comenzó como una idea en su mente, que se convirtió en realidad cuando su lengua la pronunció. Los antiguos egipcios decían: “Todo lo que concibe el corazón y pronuncia la lengua, existe por la voluntad de Ptah.”
Con este poder prodigioso, nacieron los dioses, se fundaron las ciudades sagradas y los templos se transformaron en moradas de lo divino. Así, para el antiguo egipcio, la creación no fue una lucha de monstruos ni una explosión caótica, sino una palabra consciente, un pensamiento que transformó el caos en orden.
Ptah otorgó vida a todas las cosas: al Nilo que recorría el valle, al sol que ascendía en el cielo, y al hombre que aprendió los oficios y las artes. Incluso las piedras con las que se levantaron los templos eran vistas como testigos del poder de aquella primera palabra pronunciada por el creador.
Por eso, los sacerdotes de Menfis entonaban himnos en honor a Ptah: dios de los artesanos, señor de los oficios, dueño de la palabra creadora. Lo convirtieron en símbolo de que la mente y la lengua pueden obrar milagros, y que el mundo, en su esencia, es una idea transformada en vida.
El mito de Ptah no era solo una narración sobre el origen del cosmos, sino también una proclamación de que la palabra es sagrada y que el orden, la justicia y la construcción de la tierra nacen siempre de un pensamiento verdadero y de una voz que lo hace real.
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